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Sandra Sosa Fernández, por Lectura de nubes. Arte cubano contemporáneo

Los cambios previstos en la sociedad cubana luego de la sucesión de poderes entre Fidel Castro y Raúl (31 de julio de 2006) soslayan una cartografía doméstica que se rearticula. Aquí se distingue la cobertura que conducen los lazos oficiales y su correspondiente movimiento de flujos culturales y migratorios de lo «políticamente correcto», de su convivencia con un otro cultural, no por alternativo de menor impacto.

Lo primero se instituye desde un cambio de perspectiva en la proyección internacional de la Revolución cubana, cuya excepcionalidad persiste en su antimperialismo, y el arraigo de su órbita en el contexto de Latinoamérica y El Caribe. En este sentido se ha acotado cómo Cuba ha transitado de una relación político-ideológica a otra de carácter político-institucional que le ha permitido reinsertarse en la región. Esta última ha supuesto la exportación de modelos de gestión, control, acción y lineamiento de políticas públicas, y lo que todo ello supone en términos de ideología. La Revolución cbana ha servido como paradigma, pero también como ensayo de prueba y error a las nuevas propuestas sociales de la Izquierda latinoamericana, a pesar de sus diferencias de naturaleza histórica y contextual.1