Se encuentra usted aquí

Hamlet Fernández, por El cartel-simulacro de R10: más que una cuestión de actitud…

R10, apelativo que identifica a Jorge Rodríguez Diez en el campo del diseño gráfico, es una firma autoral que comienza a dejar también su impronta en la plural escena del arte contemporáneo cubano. Y no únicamente por su trabajo en diversas publicaciones especializadas, promocionales o proyectos de identidad institucional, sino por la obra propiamente artística que viene desarrollando desde hace algún tiempo. Resulta una verdad de perogrullo que cuanto interesa hoy en el mundo del arte es el resultado de un trabajo, de un proceso que se materializa en una expresión de sentido –ya sea física o virtual (poco importa, en lo que a efectos del sentido se refiere)–, y no el tipo de formación del sujeto que lleva a cabo dicha materialización eidética. Se puede llamar artista aquel que ha demostrado su capacidad de producir sentido de alto nivel connotativo usando un lenguaje, cualquiera que este sea, y no por el simple hecho arbitrario de ostentar el título de una academia de arte. Por otra parte, el ilimitado universo de modos de asumir la creación que produjo la expansión estética posmoderna permite llegar al arte por muy diferentes vías de formación intelectual. Filón aprovechado con plena conciencia y derecho por Rodríguez Diez, quien explotando su gran entrenamiento en el pensamiento visual y sus habilidades para expresar un concepto con la mayor síntesis posible de recursos formales, ha venido incursionando en la estructuración de mensajes visuales, a la manera de carteles, pero que se desmarcan de las reglas comunicativas del diseño gráfico para correrse completamente hacia la especificidad comunicativa propia del arte.

Ahora bien, antes de entrar en el análisis de esta zona de la producción artística de R10, se hace necesario abrir un paréntesis teórico para aclarar qué estoy enunciando como «reglas comunicativas del diseño gráfico» y «especificidad comunicativa del arte».