El Museo Nacional de Artes Decorativas (MNAD), institución rectora de la salvaguarda y gestión de las artes decorativas en nuestro país, posee la mejor colección de su tipo. Fundado en el verano de 1964 en la otrora mansión Gómez Mena, se trata de un palacete habanero ataviado con los más importantes objetos decorativos producidos en varias épocas y regiones del mundo. Con el devenir del tiempo se sumaron obras provenientes de otras colecciones, lo cual dio lugar a una institución altamente especializada, poseedora de una colección numerosa, diversa y de primer nivel.

A partir de estas particularidades nos enfrentamos al primer reto: la curaduría. Generar un discurso curatorial, materializado posteriormente en la exposición, sobre todo a partir de una colección con semejantes características, siempre es un desafío. La inmensa mayoría de las exposiciones de carácter transitorio que tienen lugar en el MNAD emplean en su totalidad piezas de sus propias colecciones, aunque también se han realizado muestras con obras de otras instituciones, artistas o coleccionistas privados. La entidad tiene el deber de promover los diversos valores (culturales, estéticos, históricos, patrimoniales) de las obras que atesora. Pero, ¿cómo llevar a buen puerto este noble propósito cuando las características de la colección son tan diversas?

La especialista Lidis Nuvia Rodríguez explica a los asistentes el concepto de la exposición
“Un secreto descubierto. Tesoros de la época de oro del diseño finlandés” (MNAD, 2019).
Foto: Cortesía del autor

 

Máximo Gómez Noda, exjefe del departamento de Curaduría del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), en el posgrado “Museología como ciencia, curaduría como proceso” (MNBA, 2013), nos enseñaba que “la curaduría es un acto de saber y crear para informar al público”. Por lo tanto, resulta imprescindible el conocimiento absoluto de la colección  ̶ lo que el profesor Noda definía como “proceso de familiarización”̶  y, a partir de ahí, proyectar de la manera más original y creativa posible la visión que se quiere comunicar de, o desde, la colección. A partir de este dominio profundo de la muestra, se apreciará el amplio universo de posibilidades discursivas.

En el presente texto son presentadas algunas de esas posibilidades, con el propósito de incentivar el debate, la crítica y el intercambio. Asimismo, se le ofrece a los estudiantes y a las nuevas generaciones de museólogos, curadores y técnicos, una referencia desde la praxis de nuestras instituciones.   

Experiencias

Luego del “proceso de familiarización” y tras largas jornadas de revisión bibliográfica y documental acerca de la colección, comienzan a aflorar ideas y puntos de contacto que podrían formar parte del discurso curatorial. De los cursos de superación, del intercambio con curadores experimentados, de las visitas y diálogos acerca de nuevas exposiciones surgen también nociones y acervos propios.

Una exposición es un discurso donde se entrelazan varios temas o donde se aborda uno con profundidad. Uno de los tópicos más abordados en el MNAD, y de manera muy exitosa, ha sido el uso de materiales como el marfil, la madera, las piedras duras, los metales y el textil. Por ejemplo, la expo “Colección de marfiles del MNAD” mostró la importancia de este material en el universo de las artes decorativas.

Además, es posible discursar acerca de la evolución utilitaria de cierto material; cómo ha sido, empleado a lo largo de la historia; cuáles son los motivos por los cuales se introdujo en el arte; en cuáles manifestaciones de las artes decorativas (vestuario, mobiliario, elementos religiosos, y otros) son más utilizados, atendiendo siempre a las características físicas de dichos materiales.

El público suele interesarse por los modos de utilización y las regiones donde se obtenían los materiales, así como por los medios y recursos empleados en el ornamento de las piezas producidas y los procesos de elaboración. Toda esta información permite una mejor apreciación de las piezas.

La escasez de ciertas clases de piedras semipreciosas y el alto costo de otros minerales de mayor dureza necesarios para labrar, bruñir o perforar ‒varios siglos atrás, y sin la tecnología moderna‒ constituyen algunos de los datos ofrecidos a los espectadores de la muestra. Una vez abordado el tema desde una panorámica histórica, es posible acceder a los principales valores de la colección, a través de la evolución del material en cuestión, ya sea por temáticas, épocas o regiones.

También podría sistematizarse la colección por países. Por ejemplo, en “El arte francés en las colecciones del MNAD” se organizó el discurso a partir del país de origen; la evolución que las artes decorativas han tenido en ese territorio; las principales tipologías producidas con materiales diversos como la porcelana, el cristal, el bronce; las diferentes épocas (siglos XVIII- XX).

Hagamos un ejercicio a partir de un supuesto. Si pretendiésemos exhibir en una sola galería lo mejor de la colección de arte francés del MNAD, se necesitaría un espacio concebido a partir de períodos: período Regencia, arte Rococó, período de transición, piezas Neoclásicas, obras del Imperio Napoleónico, piezas correspondientes al Eclecticismo, y finalmente, las obras del Art Nouveau y el Art Déco, respectivamente. 

En cada uno de estos espacios apreciaríamos piezas de diferentes tipologías, materiales, técnicas y temáticas, así como diseños originarios de esta nación o reinterpretaciones de objetos llegados de otras regiones.

A partir de las exigencias de la cotidianidad, ciertas piezas comenzaron a emplearse y otras cayeron en desuso.  Con la llegada a Europa de las diversas infusiones (té, café y chocolate), tuvo lugar la importación de la tetera desde China y la invención del samovar en Rusia. Otra visión relacionada con este criterio puede ser aquella que muestre el arte producido en una región determinada. Ejemplo de ello son las muestras “El arte asiático en nuestras colecciones” y  “La cerámica del sur de China”. 

Asistentes disfrutan de la exposición “El esplendor de la porcelana China del siglo XVIII” (MNAD, 2018).
Foto: Agencia Xinhua

 

Cuando se concibe una exposición sobre las artes ‒en este caso decorativas‒ y su desarrollo en un país concreto, también existe la posibilidad de acercarse a la muestra mediante la época o los períodos estilísticos que tuvieron lugar en una región específica, ello depende de los recursos y de las características de las colecciones del MNAD. Estos criterios resultan atractivos y didácticos por la panorámica que son capaces de ofrecer respecto a la historia del arte occidental entre los siglos XVIII y XX. Entre estas muestras se incluyen las exposiciones “El Art Déco en las colecciones del MNAD” y “El arte francés del siglo XIX”. No se debe pasar por alto que en el caso de Asia son muy comunes las exhibiciones de esta naturaleza que perciben el arte desde la mirada historiográfica local. Así, las exposiciones sobre el arte de la dinastía Ming (1368-1644) suelen ser, tanto para Occidente como para Oriente, eventos culturales sumamente importantes.

Propuestas curatoriales basadas en una tipología de piezas específica constituyen otra visión interesante. La curaduría de la “Colección de soperas del MNAD” posibilitó el acercamiento a una tipología en especial (soperas), así como sus procesos de producción, la evolución de los materiales empleados (plata y porcelana), las épocas (siglos XVIII-XX) y los diversos países  (Inglaterra, Alemania, Francia y China).  Se mostró el surgimiento de las soperas como utensilio; la etimología de la palabra en varios idiomas; los primeros ejemplares; la popularidad alcanzada por este tipo de piezas, y el contexto en que alcanzaron mayor éxito.

Se estudió cómo una tipología surgida en un país, en un círculo y en una época dados, logró expandirse por el mundo, llegar a todas las clases sociales y perdurar hasta nuestros días como una pieza indispensable. Asimismo, fueron expuestos sus principales creadores y artistas, ya sea por países y por materiales; los distintos tipos de soperas existentes de acuerdo a su uso; las variedades más excéntricas y llamativas; su introducción en Cuba y los principales coleccionistas; y los períodos, materiales y artistas con que cuenta la colección del MNAD. Todos estos elementos, unidos a los valores patrimoniales, culturales, artísticos y estéticos de la colección, son inestimables informaciones que se le brinda público a partir de un buen ejercicio curatorial.

Realizar proyectos curatoriales basados en temáticas es una práctica muy efectiva por su valor ilustrativo, independientemente del soporte de la pieza (esculturas, pinturas, dibujos y porcelanas). Así, observamos exposiciones dedicadas a la naturaleza muerta, figuras históricas, el desnudo como expresión artística, entre muchos otros tópicos.

Las exposiciones también pueden tener como hilo central de su discurso las obras realizadas por una manufactura o por un autor determinado. Ejemplo de ello podría ser una exposición sobre obras de la manufactura Tiffany, o del célebre escultor Demetre Chiparus (Art Déco), en las cuales se expondrían las piezas más representativas existentes en la colección del MNAD. Lo ideal sería disponer de piezas que ilustraran las distintas etapas del artista o de la manufactura en cuestión, con el fin de analizar su evolución, principales influencias, los orígenes de sus obras maestras y la huella de sus piezas en generaciones posteriores.

La historia del coleccionismo resulta, desde hace algún tiempo, un tema esencial para historiadores del arte e instituciones museables. La historia de la proveniencia de una pieza puede ser muy útil en la reconstrucción de épocas, el análisis de las actitudes de los coleccionistas ante una manifestación o período estilístico determinado, y el estudio de una cultura dada. A su vez, este cúmulo de información aporta autenticidad a las piezas y, por ende, aumenta el valor de la obra, no solo económico, sino también aquellos que la institución promueve ante el público.

Es por ello que las exposiciones que promueven la historia del coleccionismo resultan sumamente atractivas para el visitante, aunque muy arduas para los curadores que invierten años en sus investigaciones. Un ejemplo claro resulta la exhibición permanente del Edificio de Arte Universal del MNBA sobre la colección de Arte Antiguo que perteneció a Joaquín Gumá, Conde de Lagunillas. También puede citarse la colección de Arte Napoleónico que perteneciera al magnate azucarero Julio Lobos y que exhibe el Museo Napoleónico. 

En colecciones tan exquisitas y diversas como las de artes decorativas, es común encontrar múltiples técnicas artísticas, las cuales ameritan por el conjunto, la calidad de las piezas, los autores y períodos que representan, lo cual es signo de un ejercicio curatorial a la altura de la propia colección. Como ejemplo podría mencionarse la exposición que en fechas cercanas han tenido lugar en el Museo, entre ellas “Criselefantina” y “Biscuit coloreado”, en las que Esther Cabrera, curadora de ambas muestras, mostró piezas realizadas provenientes de diversos países, autores y épocas. Gracias a ambas exposiciones el visitante se llevó una idea bien clara acerca de las técnicas mostradas.

El público aprecia las obras que fueron expuestas en la exposición “Biscuit coloreado” (MNAD, 2019).
Foto: Cortesía del autor

 

Una exposición puede emplear como idea central de su discurso la combinación de dos o más de las opciones antes mencionadas. Una de las más frecuentemente empleadas suele ser la combinación de país, técnica artística y época. Ejemplo de ello es “La persistencia de los hornos” (2010), que abordó la temática de la cerámica española entre los siglos XVI y XX. En este caso se visualizó la producción de cerámica en un espacio concreto, España, y en un período determinado, siglos XVI al XX. El objetivo de exposiciones como esta es conducir la mirada, con la ayuda del discurso museológico y museográfico, a través de la evolución de un fenómeno en concreto, las influencias artísticas, las diversas técnicas, las piezas producidas en distintas épocas y regiones.

En el caso de la exposición de cerámica española, la entonces curadora Geissa Estrada expuso el impacto que tuvo en la cerámica ibérica la influencia de culturas como la árabe, con sus cerámicas de esmaltes de reflejos metálicos y motivos mudéjares, así como la asimilación de la cerámica mayólica producida en Italia durante el Renacimiento. Además, se exhibió la técnica del transfer printing, llegada desde Inglaterra en el siglo XIX y adoptada por manufacturas locales como Sargadelos. Finalmente, la muestra expuso piezas de las figuras más importantes de finales de siglo XIX y mediados del XX, donde se aprecia una concepción modernista de obras creadas por célebres ceramistas como Peirot y Zuloaga.     

Exposición “La persistencia de los hornos” (MNAD, 2010). Foto: Cortesía del autor
 

Para finalizar, podríamos concluir que las opciones (e incluso la fusión entre varias de ellas) que se pueden emplear como eje central en una propuesta curatorial son muy amplias, por lo que las iniciativas a tomar también pueden ser muchas. Se debe tener presente que para lograrlo es preciso poseer un dominio casi absoluto de la colección, así como realizar una revisión profunda y exhaustiva de la bibliografía especializada. Los intercambios con especialistas de este y otros sectores cercanos a la curaduría son esenciales, por lo que nunca debe subestimarse el carácter interdisciplinario de esta rama.

El proyecto curatorial tiene el doble propósito de generar una experiencia estética de placer y sosiego y, además, de instruir y comunicar. Por último, la exposición no es el único medio para “exponer” los valores de la colección o el discurso que perseguimos con ello. A partir del hecho mismo de la muestra se desprenden visitas guiadas, artículos, conferencias, charlas, intercambios, ponencias en eventos científicos, etc. No hay que olvidar por un solo instante que nuestras exhibiciones tienen un fin superior: educar al pueblo. De esta manera contribuimos a la formación de un individuo más culto, promotor y defensor de los valores patrimoniales de su país.