Se encuentra usted aquí

Sin lugar a dudas, Raúl Martínez

Virginia Alberdi Benítez

#Cuba #Cubaescultura #CNAP #PremioNacionaldeArtesPlasticas #RaulMartinez #CentroLam

La grandeza de Raúl Martínez (1927–1995) está a la vista en las salas del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, en La Habana Vieja. En sus paredes, con el título Allegretto cantábile -tomado de una de las piezas-, dibujos, pinturas y fotografías de quien mereció por primera vez en 1994 la adjudicación del Premio Nacional de las Artes Plásticas no dejan margen a la duda: en la segunda mitad del siglo xx, Raúl ocupó un sitio privilegiado en la vanguardia creadora cubana que lo catapultó a ser considerado entre las cumbres de la visualidad de la Isla en todos los tiempos.

Aunque el punto de partida es la etapa abstracta del pintor –recuérdese que formó parte del grupo de Los Once, pioneros de esa corriente entre nosotros-, y el de llegada algunas de las obras en las que trabajaba en sus últimos tiempos –unos espléndidos apuntes atesorados por su compañero, el insigne dramaturgo Abelardo Estorino-, el tenor dominante de la muestra, que festeja el aniversario 90 del nacimiento del artista, radica en la fecunda saga figurativa de las dos décadas y media posteriores al triunfo de enero.

Con inteligencia y voracidad en el aprendizaje del oficio, pero más que todo gracias a una asimilación consciente de la cultura visual de su época, algo que le asistió desde los años de formación inconclusa en la  Academia de San Alejandro y el Instituto de Diseño de Chicago, fue capaz de introducir con absoluta autenticidad y sentido de la innovación las influencias del arte pop en una pintura que reflejó, como pocas, la epifanía de los nuevos tiempos.

Se despojó de la cercanía a los trazos de Robert Rauschenberg, subvirtió los códigos de la publicidad, adoptó claves comunicativas del arte popular, y se apropió de los contenidos de una realidad en plena ebullición transformadora.

En plano de confesión, dijo que su obra abstracta era portadora de lo que quería ser por sí mismo, mientras la figurativa respondía a la arista que quería darse a los demás. En verdad consiguió que ambas aspiraciones se fundieran en una sola, puesto que la originalidad  de sus imágenes de héroes y gente común, en especial las que concilian rostros de unos y otros, ofrecen un registro jubiloso y raigal de la identidad cubana.

A esto se refirió Corina Matamoros, una de las curadoras de la exposición junto a Gabriela Hernández y Rossana Bouza, cuando observó: «Raúl fue creando una semblanza y un imaginario de los momentos más arduos de la sociedad cubana contemporánea. No se trata de un arte panfletario que repitiera o se plegara a íconos prestablecidos por una orientación prioritariamente política, sino de una obra que inventó los íconos, la imagen y el rostro de un pueblo en revolución. Y en esa imagen nos hemos reconocido varias generaciones de cubanos».

Allegretto cantábile también recoge otros ejercicios magistrales de Raúl, como aquellos en los que incursionó en la experimentación fotográfica. Las obras de la muestra pertenecen mayoritariamente a los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes y pueden verse, además, cuadros provenientes de la colección del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y del Consejo de Estado.

(Tomado de Granma)

Virginia Alberdi

(La Habana 1947). Escritora, ensayista, promotora cultural, curadora y crítico de arte. Se ha desempeñado durante más de veinte años como Especialista del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP). Ha sido curadora de numerosas exposiciones.

 Un pop de puro linaje cubano asoma en la exposición de Raúl Martínez. Foto: Cartel de la exposición