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Lurie y el No! Art, en La Habana

Virginia Alberdi Benítez

La exposición de Boris Lurie, entre octubre y noviembre, en el Museo Nacional de Bellas Artes abre una ventana al conocimiento de una de las figuras más controvertidas de la creación plástica en el siglo XX, que polemizó con las convenciones y defendió una tendencia radical denominada No! Art.

Lurie se radicó en los Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial y luego de haber sobrevivido al horror del nazismo. Había nacido en Leningrado en 1924 en el seno de una familia judía, y desde niño se trasladó a Riga. Cuando los invasores hitleranos ocuparon Letonia, primero fue confinado al gueto de esa ciudad y más tarde recluido en los campos de concentración de Stutthof y Buchenwald.

Esa terrible experiencia se reflejó en su obra, primero desde un oscuro lenguaje realista y luego, a medida que interiorizó sus heridas, mediante metáforas visuales descarnadas, las cuales desembocaron en los principios del movimiento No! Art.

Fundado por él en 1960, en compañía de Sam Goodman y Stanley Fisher, el No! Art proclamó su desilusión ante la escena artística predominante en los países occidentales, alertó sobre la necesidad de que el arte se pronunciara contra el fascismo, el colonialismo y el consumismo, reclamó no se perdiera la memoria histórica del Holocausto, e intentó ofrecer alternativas al auge del pop y el expresionismo abstracto.

En un inicio la crítica, también vapuleada por las opiniones vertidas por Lurie y sus colegas, ignoró al movimiento. Lurie llegó a denostar del célebre Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York al considerarla una institución manipuladora.

Al paso del tiempo el MoMA lo incluyó en sus colecciones como también lo hizo la Galería Nacional de Arte de Washington.

Ello debió ser perturbador para el artista, de acuerdo con su actividad en los últimos años de su vida, volcado hacia la escritura. En su producción literaria, cuenta con una novela, una autobiografía y diversos poemarios.

Tres décadas después del lanzamiento del No! Art la obra de Lurie fue objeto de retrospectivas en universidades, museos y galerías estadounidenses, promovida por la galería neoyorquina Clayton. Su trabajo llegó en 1998 al museo memorial del campo de concentración de Buchenwald.

Tras su muerte en el 2008, el No! Art ha seguido representando una tendencia en la tupida madeja que caracteriza la creación artística contemporánea. En Alemania, Dietmar Kirves, quien conoció a Lurie en 1978, lo mantiene vivo, al igual que el canadiense Clayton Patterson en Nueva York, a pesar de que algunas de los más prominentes seguidores, como el italiano Enrico Baj y el norteamericano Allan Kaprow, ya fallecieron.

La intención de la exposición habanera de Lurie, hecha posible por la colaboración entre la Boris Lurie Art Foundation y el Museo Nacional de Bellas Artes, es diseminar en el público cubano la agenda creativa de un artista inquietante.

(Tomado de Granma)

Virginia Alberdi

(La Habana 1947). Escritora, ensayista, promotora cultural, curadora y crítico de arte. Se ha desempeñado durante más de veinte años como Especialista del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP). Ha sido curadora de numerosas exposiciones.