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#232322

I.

Los ojos de Alex DeLarge son forzados a mantenerse abiertos mirando escenas de extrema violencia mientras un doctor le humedece los ojos con lágrimas artificiales. A los gritos de Alex asegurando estar curado, los científicos responden que es necesario continuar con el tratamiento. Los espectadores sabemos que sus gritos son un ardid para liberarse, como lo fue simular haberse reformado leyendo la Biblia; pero todo cambia cuando se escucha a Beethoven. Usar así a Ludwig Van es un pecado, él no hizo daño a nadie, Beethoven solo compuso música dice Alex, y a partir de ese punto el experimento se convierte en una grotesca tortura. Esta imagen de La Naranja Mecánica, donde se le realiza al protagonista el tratamiento Ludovico, es una metáfora de los procedimientos utilizados para sembrar una idea determinada en un individuo, mediante psicología conductista.

Si bien en la película se incide físicamente sobre Alex, los modos de imponer una idea en la mente de las personas se expresa de muchas maneras, entre las cuales la tortura y la coerción directa son una ínfima parte. A nivel de colectivo, uno de los principales mecanismos usados es automatizarla, de modo que esta se incorpore de forma natural al lugar común. Cuando un grupo social denota un pensamiento como tácitamente aceptado, al poder no le es necesario obligar a los individuos descarriados a comportarse siguiendo sus reglas, pues el colectivo se ocupará de ello. En nombre de algunas de esas ideas arraigadas en la sociedad, se han cometido las mayores atrocidades.

II.

Antes de conocer personalmente a Fidel García me parecía un personaje extraño, con una obra muy seductora en términos visuales, y muy críptica a nivel de discurso. Ahora, después de haber intercambiado muchas ideas con él, creo que he logrado acercarme a su sistema de pensamiento.

El origen de su forma de entender el arte está muy estrechamente relacionado con el espacio donde vive: Micro X, Alamar. Alamar es para con La Habana una zona periférica de muy difícil acceso, ubicada en los márgenes de la ciudad. Micro X es para con Alamar, una zona periférica de muy difícil acceso, ubicada en los márgenes del municipio. De cierta forma este aislamiento del centro capitalino, ha condicionado la introspección en la producción artística de Fidel García, que siempre da la imagen de haber sido hecha por un extranjero o alguien que viene de afuera, cuando en realidad ha sido concebida por alguien que viene de muy adentro. Micro X es, además, una zona altamente militarizada, con muchas particularidades de infraestructura y una falta casi total de planificación física.

Siendo estudiante del ISA, García comenzó la compleja serie Codificación territorial, compuesta por un conjunto de acciones que denominó individualmente con una «T» (acrónimo de territorio) seguida por el número secuencial correspondiente. T10, la última de las acciones, fue la más conocida. Por otra parte, en ese momento aseguraba que su trabajo se relacionaba con Micro X, de forma que su cuerpo era una extensión física del espacio. Por tales motivos todavía a Fidel García se le reconoce como T10 o Micro X, lo cual es un error, pues estos nunca fueron seudónimos propiamente dichos, sino expresiones de una actitud vital, dada en la identificación dialógica con el espacio y las acciones que el artista efectuó para incidir en él.

III.

La máxima kantiana de actuar como si tus acciones fuesen la expresión de un proceder universal, trata de instar a la toma de conciencia sobre las implicaciones de nuestros actos, apelando a la posibilidad de existencia de una ética común a todos los seres humanos. Pero en realidad no hay nada más individualista que la concepción social de los conceptos universales. Lo que es aceptado y común para una sociedad, es completamente impensable para otros contextos. De hecho, muchas de las ideas que podemos entender como universalmente aceptadas son constructos culturales que han logrado imponer determinados contextos, en períodos de alta influencia.

A veces un mismo concepto puede adoptar muchas formas y variaciones. Así sucede con esa idea tan polémica, que los hispanohablantes definimos con el vocablo libertad. La ambigüedad semántica del término, excede el plano lingüístico y penetra en muchos otros campos del conocimiento. Cada contexto esgrime su propia idea de libertad y en todos ellos, los niveles de accesibilidad a lo que ese concepto representa se desarrolla en grados muy variables.

Uno de los núcleos de donde se insta la posibilidad de libertad es desde el poder. El sujeto en el que este se expresa, se le ha denominado comúnmente Estado. El Estado dicta que se puede hacer y que no, ejerciendo la violencia física si así lo considerase necesario, a fin de cumplir con las normas y leyes establecidas. El Estado es ese ente omnipresente y omnipotente que habla en boca de cualquier individuo en ejercicio de la autoridad, ya sea este un padre de familia, un profesor o un policía.

Pero la influencia del Estado no está completa hasta que no logra incidir en la mente de los subordinados. Por ello se apela a sembrar ideas (la libertad, por ejemplo) instaurándola como parte del lugar común. Cuando los subordinados asumen la postura del poder, reproduciendo sus ideas sin imposición, es entonces que el proceso de reproducción se completa. En este nivel ya no son necesarios los tratamientos conductistas, pues el Estado se transmite en los subsiguientes estratos inferiores, por la propia voluntad de los individuos que los integran.

IV

Fidel García segmenta su trabajo en Etapas que funcionan como secuencias modulares de conjuntos de acciones. En cada Etapa hay un incentivo común que se despliega en proyectos individuales, los cuales a su vez tributan al conjunto. Hasta ahora ya ha desarrollado a cabalidad cuatro Etapas, y se encuentra inmerso en la implementación de la quinta.

En un texto anterior en el que analicé en profundidad la cuarta etapa[1], señalaba que en ella el artista arremetía contra sectores específicos de la realidad, aportando lo que él consideraba que serían las claves para la posible desestabilización de cualquier sistema de dominación. En la quinta (y presente) Etapa, cerró el cerco en un certero movimiento de síntesis. Ya no le interesa atentar contra el poder, sino filtrar y procesar información sensible, para devolverla transformada a destinatarios señalados que son los consumidores potenciales del gesto, mientras este esté en funcionamiento.

Permítaseme ahora una pequeña digresión. En una investigación complementaria al presente texto, he estado estudiando el ciclo de vida de las obras que están directamente condicionadas por la ciencia de avanzada y la tecnología emergente (Nuevos Medios), en algo que he denominado «Ingeniería de obra». Uno de los estadios de desarrollo de este tipo de trabajo es el Período funcional, y se refiere al momento en que la obra de Nuevos Medios está en su espacio primario de distribución. En uno de los proyectos que integran la quinta Etapa, García utilizó como espectador potencial las instituciones militares cercanas al recinto galerístico en que se dispuso la obra [Población Inversa (2013 - 2014), presentada en ESMoA (El Segundo Museum of Art), Los Angeles, Estados  Unidos]. La pieza consistía en la transmisión de un comunicado encriptado a través de ruido blanco radial, correspondiente con las bajas perpetradas por los Estados Unidos en todos los enfrentamientos bélicos en los que ese país ha estado inmerso a través de la historia.

Como parte de esta Etapa, incluyó una versión de Static, que comenzó como motivo de la Residencia Rijksakademie van beeldende kunsten en Amsterdam, en el año 2011. En esta nueva entrega, dispuso una antena alimentada por un panel solar que servía como medio para propagar 24 horas de información cubana de alto contenido ideológico, en una zona de absoluto silencio. El espacio seleccionado fue el Valle de la muerte en California, Estados Unidos. La obra tuvo además una extensión documental en galería, pero en realidad el espectador estaba en presencia de la Fosilización de la obra (otro de los estadios de desarrollo de una creación de Nuevos Medios). Mientras el proyecto esté en funcionamiento el espectador potencial del gesto es el vacío.

Otras dos obras en desarrollo completan la Etapa: Amsterdam Project y Colectivización, en los cuales se manipulan informaciones muy sensibles para los cubanos.  Ambos están a su vez sustentados en uno de los más complejos trabajos que García ha logrado hacer hasta el momento: BENTHAM SOCIETY. Este consistía en un sistema compuesto por dos piezas (un spider y un collector) que se complementaban, para estructurar un sistema de análisis que registraba la omnipresencia y verticalidad del Estado cubano, siguiendo pautas secuencialmente estructuradas.

El sentido de la quinta Etapa, se orienta a dinamitar las estrategias de diversificación del poder, basado en integrar ideas de autoafirmación a lo comúnmente aceptado como parte del imaginario colectivo.

V.

Todos los elementos materiales que conforman la visualidad de las obras de Fidel García son de un color homogéneo, que él define como “gris oscuro opaco”. Junto con la segmentación en Etapas, esta monocromía es otro de los principales recursos que identifican su trabajo. Aunque García no lo delimita restrictivamente, la notación hexadecimal de ese color es el valor #232322.[2]

El uso exclusivo del color #232322 se ha convertido con el tiempo para este artista en un elemento de comunicación en sí mismo. Con él, García elimina cualquier vestigio de decoración innecesaria, al tiempo que su trabajo adquiere una visualidad extremadamente recia y mínimal. Convenientemente, a toda la documentación fotográfica de su obra le baja la saturación hasta rozar el blanco y negro, de forma que el ambiente que se crea en torno al #232322 se extiende a cualquier referencia que podamos tener de su trabajo.

García es consecuente con su obra como actitud vital y no solo como cumplimentación de su necesidad de comunicar estéticamente. Él mismo es una expresión fehaciente de su trabajo, de modo que ya no necesita asumir una impostura calificable con el epíteto arte, pues su obra es su vida y por ende es completamente real. Casi toda su ropa es blanca y negra o de camuflaje (rememorando la impronta de lo militar en su trabajo) y siempre lleva audífonos oscuros. Si pudiera, de seguro ya hubiese convertido su cuerpo en un ciborg.

Enfrentar exegéticamente la obra de Fidel García siempre es un interesante ejercicio de intelección. Aun cuando no se logre entender del todo su trabajo, si se es lo suficientemente pertinaz, se podrán encontrar pistas para reconstruir un nuevo discurso, a veces totalmente ajeno al que nos propone el artista. El sentido de su quehacer siempre será instarnos a no aceptar nada pasivamente, a cuestionarlo todo, a no ceder ante lo que nos han sembrado en la mente como lo correcto. A fin de cuentas, la verdad última no le pertenece a nadie y cada quien está en su derecho de defender aquella que le parezca más acertada o con la que se sienta identificado.

 

[1] Publicado en Noticias de Arte cubano. 11-013. pp. 10-11.
[2] La notación hexadecimal es un sistema de notación para la información digital (codificada en lenguaje binario) basado en el uso de 16 dígitos, que se compone de todas las permutaciones del 0 al 9 y de la A a la F. 

Fidel García