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Muestra personal de Julio César Peña
Nada tiene que ver Julio César Peña con Posada, salvo por la muy externa coincidencia de pintar calaveras. El maestro mexicano proviene de una tradición visceralmente enraizada en la cultura de su país, que desde la noche de cada primero de noviembre celebra el Día de los Muertos. Incluso se sabe que es una tradición que cuenta con raíces prehispánicas, pues era conmemorado durante el noveno mes del calendario solar de los aztecas en una jornada presidida por la diosa Mictecacíhuatl, castellanizada como Dama de la Muerte y en la cual Posada parece haberse inspirado para su popularísima Catrina.
Lo interesante de esta etapa iniciática está en la persistencia de Peña en apoderarse de una figura que se suponía había capitalizado Posada y en progresar a través de variaciones compositivas registrando las más diversas posibilidades retratísticas de ese icono, con particular acento en el grabado, algo por demás prácticamente ausente en otros creadores coetáneos. Las calaveras y los esqueletos eran propiedad del humor gráfico y no de las llamadas «bellas artes».
(…) Los referentes de su voluntad de estilo deben hurgarse en la idiosincrasia del cubano en su tratativa con la muerte: en el teatro vernáculo y las guarachas generadas para la escena, (…) Peña restituye a la norma culta de la visualidad cubana la pintura de costumbres, desde un ángulo que varía desde la sátira hasta la aceptación social.
Cuando ante nuestros ojos desfilan el asedio a la pipa de cerveza, la procacidad de la estampa callejera, el metrobús atestado, la carretilla rampante y otras situaciones de la vida cotidiana en una sociedad asaeteada por la vocación de resistencia de una parte y de otra por la precariedad, el artista se comunica al entreverar calaveras con figuras encarnadas mediante dos de los recursos arquetípicos de la construcción satírica: la yuxtaposición y la parodia; la primera con un efecto contrastante y la segunda con una carga crítica ostensible. Ambas herramientas expresivas se conjugan de manera magistral en los trabajos que (…) de algún modo resumen su poética. Es todo un cronista que a través de estos personajes ha llevado a su obra el gracejo y la picardía del cubano, desprejuiciado y abierto. Si en alguna obra se inclina la balanza hacia lo caricaturesco y el humor negro, en otras el discurso se torna orgiástico y sensual, como una afirmación vital.
Ubicación: La Cabaña, Pabellón J, Bóveda 9



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