Permanecer en la tierra

Muestra personal de Santiago Rodríguez Olazábal.

Estudiando un texto de Ifá respecto a la paciencia, el buen carácter, la despedida de los difuntos a fin de que sus almas tengan una acogida apropiada de acuerdo al comportamiento que mantuvieron en la vida que acaban de dejar, y la similitud que existe entre la muerte y el sueño, hallé una oración del Libro de los Muertos del Antiguo Egipto que dice: Déjenme permanecer en la tierra y no morir en un amentet, déjame ser un khu* por siempre y para siempre.

Casualmente, ese mismo día vi un video de una entrevista que ofreció Michelangelo Antonioni después de recibir el premio León de Oro, otorgado a su película El Desierto Rojo, en el Festival de Cannes, Francia. Él explicó que pudo apreciar mientras filmaba algunas escenas de esta película en sus viajes por las afueras de Roma, como el paisaje de uno de los extensos bosques de pinos que la circunvalaban se iba transformando poco a poco en el accidentado paisaje de lo que sería la futura zona industrial de la ciudad. Según el propio Antonioni, esta idea de cambio era parte esencial del guión del filme.

Buscando un paralelo entre estas lecturas, llegó a mis ojos el recuerdo de una anhelada excursión que a finales del año 1998 hice en compañía de mi familia a Cienfuegos. Primero, con la curiosidad de reencontrarme con la villa hermosa que conocí a los doce años de edad y el propósito frustrado de enseñarles a ellos la casa que fue propiedad de mi familia materna. Segundo, continuar el camino para conocer la Trinidad colonial, que recorrimos en dos horas. Durante casi todo el trayecto (ida y retorno) apreciamos un panorama agreste, triste, de tierra abandonada, colmada de una sequía que nos corrompía el alma.

Estas impresiones, en apariencia disímiles, me posibilitaron concebir las primeras ideas para la obra-instalación Permanecer en la tierra, que sería mi punto de vista (icono-ilusión múltiple) con la cual intentaré significar el sentido efímero de la percepción de esa gran imagen que es el tiempo y cómo en múltiples ocasiones la espera inmoviliza la memoria y el ritmo de los silencios de este irrecuperable tesoro, el tiempo, que puede quebrantar de una u otra manera toda la existencia. (Texto: Santiago Rodríguez Olazábal)

*Khu. Espíritu luminoso

 

Ubicación: La Cabaña, Pabellón D, Bóveda 27