Entre la melancolía y la construcción del hombre nuevo

Muestra personal de Alexis Leyva (Kcho)

La dramática circunstancia de estar rodeados de agua por todas partes, el trasiego que desde épocas de la conquista y colonización obligó a los habitantes de la isla a ir de una isla a otra y el opresivo yugo insular que al desastre busca la expansión y la libertad, han hecho de Kcho el navegante por excelencia, obsesionado con el tema del mar y sus atributos, como fuente primigenia de su obra. Sumergido en la profundidad del mar y sus misterios, asido a un mástil, dueño absoluto del remo que nos lleva a vencer el veril, este artista asume la conciencia crítica de su época con el desenfado de un niño al que le han puesto un cuaderno de dibujo ante sus ojos y desafía con él los imperativos que la vida le impone. Como las olas cambiantes del mar las ideas se mueven en un ir y venir en su obra y cada vez adquieren más relevancia asidas al dibujo, que nace con la misma espontaneidad y soltura que los movimientos marinos.

Con responsabilidad y poder expresivo original, el artista asume, dueño también de un mundo metafórico propio, un discurso ideológico sabido, trasuntado, manoseado en los vericuetos de la vida, pero muchas veces ausente en los medios de difusión. He ahí la valentía de su arte y su capacidad recreativa y transgresora, el profundo buceo en lo reflexivo a partir de lo cotidiano, de la memoria y el recuerdo y de pasajes históricos que han marcado una huella en la realidad del cubano de hoy.

La belleza, muchas veces oculta el ojo ignaro, de elementos y piezas ya emblemáticas del imaginario cubano, con las balsas de caucho, los escuálidos botecitos de nuestros pescadores, las redes y las pitas, se hacen visibles y adquieren el sugestivo encanto de la poesía, gracias al genio del artista, su dibujo nervioso y elegante, y el espacio minimalista al que rinde tributo en su creación.

Inmensas y conmovedoras historias se tejen en la urdimbre artística de Kcho. Estados de ánimo que conjugan sentimientos de opresión y de libertad. Ese juego sutil, ese equilibrio entre lo posible y lo imposible, ese querer alcanzar lo infinito desde lo finito, es en mi criterio el reto mayor que el artista nos entrega en sus propuestas. (…)

Como en la duermevela del farero, que tras larga faena deja que sus demonios lo asalten, así Kcho ha sabido entregarnos ese mundo que es nuestro y que a veces nos negamos a reconocer. Ese mundo que él lleva tatuado en la piel y que nos contagia con la simple ejecución del trazo, con una cuidadosa nota de color, o con la carga de enseres que todos llevamos sobre nuestros hombros. Kcho nos ofrece con íconos de una cubanía feroz, un sistema de símbolos que nos hace pensar, que nos devuelve a nosotros mismos, que nos lleva a la tierra que es lo mismo que hacernos consientes de nuestra inescapable realidad. Su obra hechizada de objetos es a la vez poseedora de un sólo mensaje: en la poesía encontraremos la libertad. (Texto: Miguel Barnet)

 

Ubicación: La Cabaña, Pabellones C y G, Bóvedas 6, 7, 8, 9 y 1, 2, 3